Mujeres de Frente II - Una traducción en La penitenciaria Femenina de Foz do Iguaçu
- Laboratorio de Traducción

- hace 11 horas
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En esta segunda entrada dedicada al colectivo ecuatoriano Mujeres de Frente, compartimos "Voces de amor entre mujeres encerradas", un texto de 2008 que permaneció inédito hasta ser recopilado en el libro Mujeres de Frente: una historia de organización feminista popular y antirracista en Ecuador (2004–2024). El texto fue discutido y traducido al portugués de Brasil durante los talleres que Direito à poesia desarrolló en la Penitenciaría Femenina de Foz do Iguaçu, en el segundo semestre de 2025.
La propuesta de traducir el texto en este espacio respondió a nuestro deseo de que las producciones estéticas y los saberes de personas privadas de la libertad en América Latina no solo salgan de las cárceles para ser reconocidos del lado de afuera de las rejas, sino que también circulen en otras cárceles de la región, contribuyendo a la formación, la reflexión y la movilización de otras personas privadas de la libertad. Se trata también de apostarle a formas de integración solidaria que desafíen la separación impuesta por los muros y las fronteras.
Empezamos la traducción el viernes 15 de agosto y solo la concluimos el 7 de noviembre, doce encuentros después. La demora en el proceso se debió a varias razones. La primera es que, en la mayoría de los encuentros —que se daban semanalmente con una duración de dos horas—, solo los minutos finales se dedicaban a la traducción, pues antes se desarrollaban otras actividades de Direito à poesia. Al principio, pensamos que dedicar una pequeña parte del encuentro a la traducción sería suficiente, ya que se trataba de un texto corto, pero nos equivocamos al no considerar adecuadamente las dificultades que el texto le presentaría al grupo.
La dificultad no se debía únicamente al hecho de que fuera un texto en español. Antes ya habíamos hecho traducciones valiéndonos de la intercomprensión entre dos lenguas cercanas y del contacto que muchas de las participantes habían tenido con el español por sus experiencias en la frontera. Algunas habían trabajado en Paraguay, y una tenía familia en Argentina. Además, en la cárcel, la señal de radio que llega es paraguaya. Así que, aunque ninguna hablara español con fluidez, para la mayoría no era una lengua desconocida. Sin embargo, el español andino en el que está escrito el texto de Mujeres de Frente, así como la realidad ecuatoriana, eran muy distantes de ellas. De hecho, ninguna tenía conocimientos sobre Ecuador.
Otra dificultad se dio por la forma como está escrito el texto: presenta un diálogo fragmentario, en el que las voces se sobreponen sin que las hablantes sean identificadas. Esto hace que el texto sea desafiante incluso para quien lo lee en español.
Bajo este contexto, el avance de la lectura y la traducción se dio de forma extremadamente lenta, lo que nos llevó, incluso, a pensar que no lograríamos concluirlas antes de finalizar el año. Pero entonces pasó un imprevisto que terminó facilitando el proceso. Una de las participantes compartió el texto con una mujer venezolana, Kelly, que no hacía parte de los talleres, pero que asumió, por voluntad propia, la traducción del texto al portugués. De esta forma, en los talleres, pasamos del esfuerzo de traducir el texto "desde cero" a la tarea de revisar la versión hecha por la compañera venezolana, quien está en proceso de familiarizarse con el portugués escrito. Así, el conocimiento de lenguas de la colega venezolana se utilizó como base y se complementó con el conocimiento de las participantes del taller.
Es importante también decir que, durante el año 2025, lxs estudiantes y docentes de la Unila, del proyecto Direito à poesia, que íbamos a la penitenciaría femenina éramos todxs hispanoamericanxs: dos colombianas, un colombiano y una paraguaya. O sea, ninguno de nosotrxs tenía el portugués como lengua materna. La lengua a la que traducíamos era la lengua materna de ellas, y siempre hizo parte de nuestros objetivos valorar ese saber. Por eso, durante los talleres, siempre les decíamos a las participantes que queríamos que pensaran en cómo se diría lo que estaba escrito en español en el portugués que ellas hablaban. Nos interesaba una traducción territorializada.
El proceso de traducción de "Voces de amor entre mujeres encerradas" generó un diálogo entre diferentes espacios (Quito y Foz) y momentos de encarcelamiento (2008 y 2025), en el que emergieron tanto diferencias —como el hecho de que, en el presidio de Foz, las mujeres no pueden permanecer con sus hijos— como experiencias compartidas de opresión, miedo, estigmatización y, también, estrategias de apoyo mutuo. Además, traducir voces que hablan de vínculos afectivos en la cárcel posibilitó conversaciones sobre las propias experiencias amorosas de las traductoras. Esto hizo que el ejercicio no fuera solo una traducción literal de las palabras, sino también una traducción de las experiencias que, para cada una, daban sentido a esas palabras.
Así como en el texto fuente de Ecuador, en el presidio femenino de Foz de Iguazú se manifestaron posturas muy diversas sobre el amor entre mujeres. No se llegó a un consenso, pero hubo espacio para los diferentes posicionamientos, incluyendo aquellos que suelen ser silenciados por el machismo y la heteronormatividad. En el intento de habitar la intimidad del texto en español durante el proceso de traducción, se terminó habitando también, por otros ángulos, la propia intimidad.
Aunque oficialmente los círculos de lectura cuentan con quince participantes, las condiciones propias de la cárcel y la constante movilidad de las personas hacen que el grupo sea fluctuante. Al final del texto traducido, listamos en orden alfabético el nombre de todas las personas que participaron en el proceso de traducción, ya sea en una sola sesión o en todas ellas, tanto las mujeres privadas de la libertad como lxs estudiantes y profesorxs de la Unila.
A cada una de las participantes de los talleres de Direito à poesia y a Mujeres de Frente les agradecemos por los textos que tejieron colectivamente desde su intimidad particular y que nos abren la posibilidad de vislumbrar otros mundos.




Voces de amor entre mujeres encerradas
Mujeres de Frente, externas e internas de la cárcel de mujeres de Quito
Aquel inmenso muro amarillo patito coronado por la alta malla rematada con una V de alambre de púas. Aquel portón de metal negro viejo por cuyas rendijas alcanzas a mirar fragmentos de personas uniformadas y vestidas de civil, aquella ventanilla, la cara del guía penitenciario. La puerta cerrándose con violencia metálica a mis espaldas.
Imborrable.
Ellas. Tantas. Pululan, esperan, gritan, pasean, corretean las guaguas, merodea la misma guardia, la venta de verduras, el teléfono, la campana misionera llamando a la misa.
Nosotras.
— Acá es otro mundo.
— ¡Qué va a ser, hermana! Yo soy la misma que afuera, los mismos hijos, la misma madre, las mismas cuentas pendientes, la suerte echada, la misma...
— Acá es otro mundo. A veces creo que el castigo es el descuido de los de afuera, como si estuvieran libres, como si dejar que pase lo que sea acá adentro, olvidar, fuera una garantía de paz para sus vidas, bah. Siento que he aprendido a vivir en estado de sitio. Los guías son tan familiares que no sé si podré volver a vivir sin el aliento de quienes murmuran. ¿El castigo será también acostumbrarte a vivir bajo custodia? ¡Qué absurdo, que perverso todo esto!...
— ... la mismísima.
— Acá es otro mundo les digo, ¿no ven cómo toca aprender a convivir, cómo no hay un hueco privado, cómo se oye hablar mal hasta de las hormigas? Toca defender lo que una es. En la calle se podía salir corriendo, cambiarse de barrio, quedarse guardada en la casa, lo que sea.
— Yo sí creo. Es como si tocara perder la vergüenza, ¡que no siempre es lo mismo que hacerse sinvergüenza! Como si se aprendiera a perdonar lo que afuera no podíamos. Es que la vida sigue, pero en bodegas*.
— Sin-vergüenza, presa, mala madre, consumidora, lesbiana... Cierto que mientras más atrás estás menos te mata la culpa.
— Lo que a una señorona, profesional, ¡madre santa!
— Pero también que a uno le toca ser menos** egoísta, aprender a convivir, dejar vivir hasta para respirar. En los pabellones de atrás de hasta cuatro por cuatro, más los wawas algunas, fíjense...
— ¡Qué va!
Qué loca ciudad hacinada entre mujeres. De las autoridades los muros, la guardia y el rancho, de las presas la convivencia, las sábanas, las ollas, las camas, los espejos, las cortinas, las reglas de cada día, los wawas paridos por nosotras, hasta los senos que se comparten. Si no fuera por las presas no habría nada vivo aquí, sirviéndoles a los carceleros en nuestro encierro, ¡para no morir! ¡Loco mundo! Cuántas veces no he sentido que me miro a través de otras, que descubro mis problemas de siempre en las crisis de las compañeras, cuántas cosas he dicho para no parecerme —tan resignadas, tantas veces crueles... Y que hacen que amarte no sea un riesgo de muerte.
— ¡Uno es la misma donde sea! ¿Acaso no vengo pobre desde afuera?
— ¿Qué?
— Que nací negra, que desde siempre me ha tocado frentear el racismo, digo, y que no por nada los pabellones de atrás son puro negras, que no por nada tantas veces me dicen que soy decente a pesar de ser negra. Afuera, adentro, la sociedad es la misma huevada.
— Y yo soy montubia y acá no hay ni un milímetro de verde, oye.
— Soy lesbiana desde chiquita y aquí lo sigo siendo. Y les digo que este es otro mundo. Todo el mundo encerrado, cuántos colores, cuántos caminos distintos hacia el mismo hueco inesperado, ¡sálvese quien pueda!
— ¿Uno es o se hace lesbiana?
— Mmff, es querer compartir tu vida con otra mujer, es ver las cualidades de ellas, dibujarlas, colorearlas... Es la delicadeza y la fuerza de tu abrazo, las líneas de tu boca, de tus ojos, tu piel, fragmentos y fragmentos de cada una hasta olvidar los límites de cada cuerpo, hasta ser pura sensibilidad sin límites, sin prisas, dos tiempos que son uno, temblar, las lágrimas, los dedos, los dientes, las lenguas, las mucosas, la corriente, las contracciones, los elementos. Tu alegría, la mía, las ganas sin nombre, el desayuno. El cuento de esta vida mía. La importancia vital de tu día a día.
— ¿Ah?
— Se es.
— A mí me gustan los machos desde siempre, les digo muchachas, un buen macho. Acá es que me ha venido a inquietar una... linda.
» Linda. Ángel malvado de ojos color aceituna, exigente, escurridiza.
— ¿Entonces no se nace, se hace lesbiana?
— Se es, se es voluptuosa, femenina, sensible, ¡más mujer! Yo estuve casada, tuve hijos y nunca fui feliz, hasta ahora.
— A mí nunca me ha gustado una mujer, no he tenido ganas de acostarme y esas cosas, pero juro que me han gustado muchas, no solo como qué buenas gentes, sino como ver su piel lindísima, una mirada sensual que me da cosquillas como de cariño, pero nada más, y eso que ya no me he cerrado a la posibilidad de enamorarme de alguna.
— Mi compañera dice que el amor lesbiano es una posibilidad que vive en todas, que puedes o no encontrar como alegría para ti.
— ¿Será que acá adentro se muestra, impúdico, como una posibilidad que afuera se escabulle de la mirada y por eso se ve tanto?
— Afuera también hay lo mismo, solo que acá no hay closet para nadie.
— Es que la soledad de la cárcel, la falta de calor humano, te hace sentir gustos que no son, y hasta cometer lesbianismo.
— ¿No digo que es lo mismo adentro que afuera de la cárcel?, ¡"Cometer" lesbianismo, dice!
— Es que el que es temeroso de Dios no comete pecado.
— A Dios le gusta la alegría, el compromiso, él debe amarme cuando amo a mi novia, te digo, yo me siento cerca de Dios.
— Yo he sido de todo, he hecho de todo desde afuera: con hombres, con mujeres, como activa, como pasiva, todo, ¿y eso será malo?
— ¿Qué será? Andar buscando, moverse es derecho de todo el mundo, pero...
— ¿Experimentar no es un derecho?
— ¡No es lo mismo derecho a experimentación que el derecho a la prostitución!
— ¡Qué a la discriminación de las que no son como tú!
— Una que se acuesta con mujeres, con hombres, que se acuesta hasta con guías para sacar provecho, ¿cómo va a pedir que le respeten sus derechos? ¿Y qué hacemos las que sí queremos defender una buena relación? ¡No, qué va!
— El guía que si "tan guapa y tortillera", el psicólogo que si "quieres destruir a tu familia". Parece que toleran, pero nada. Si te ponen en la misma celda con tu compañera es para que no te exhibas abajo, para que no des mal ejemplo a los niños, dice. Hasta un pabellón de lesbianas quería hacer el psicólogo para que se nos distinga bien clarito.
— ¿Y qué pasó?
— Que nos dio risa a todo el mundo, ¿qué va a ser? Que pasen cosas es mi certeza de que estoy viva... ¡Puaj! La maldita puerta cerrada por fuera, una y otra vez, esta celda mínima, irónica casita de nosotras, hogar, asfixia, caricia que sana, ganas de correr, incertidumbre qué será de ti, entonces de nosotras. Cuando salga, no sé cómo, pero voy a estar en la terraza de ese edificio de allá, que será tan alto como me parece.
— Cuando salgamos de aquí voy a hacer mi vida contigo. ¿Trato hecho?
Notas
* "Embodegas" en el texto fuente, lo que consideramos una errata [N. de los E.]
** "Mejor" en el texto fuente, lo que consideramos una errata [N. de los E.]
***
En esta traducción participaron: Andreia Silva, Angélica Moreno Usaquin, Angelica Ribeiro, Brisa Abigail Cañiza, Bruna Macedo, Cristiane Ortiz, Daiana Silva, Elida Almeida, Franciane Lima, Geraldine Regino, Gilmelys Rosal, Josemeire Oliveira, Kelly, Luana Rodrigues, Mario Torres, Neide Lima, Rafaela Silva, Roselei Rockembach, Sandra Silva, Simone Reis, Tainara Neves, Tatiana Lange y Vanessa Cruz.





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