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La cárcel como lugar de conocimiento, como lugar de potencia creativa. La cárcel como un espacio desde donde pensar y agrietar los muros que aprisionan y asfixian a quienes se encuentran tanto a un lado de la reja como al otro. Ese espacio donde se arroja lo que debe quedar afuera —otra de las tantas formas del cuarto de desechos— es también un lugar para imaginar afueras.
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